Archivos para marzo, 2013

Un viaje de novela por Gabriela Szuster

Publicado: 17/03/2013 en relato
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imagesSubí al tren justo antes de que arrancara. Me senté en el primer asiento vacío que encontré. Me puse a mirar por la ventana, pronto todo perdió forma, tornándose difuso a medida que la velocidad aumentaba. Preferí concentrarme en el interior, un incipiente dolor de cabeza arañaba mi sien, era mejor no provocarlo más. De pronto la vi. Era imposible, seguramente mi imaginación me estaba jugando una mala pasada. No podía sacarle los ojos de encima, nuestras miradas se encontraron, y me sonrió. Ahí no tuve más dudas. Aproveché que a su lado el asiento estaba libre, así que junté mis cosas y me apresuré a sentarme junto a ella, no fuera cosa que alguien más la descubriera y me arrebatara la oportunidad.
– Te admiro profundamente, dije. Leí todos tus libros. También escribo…
Isabel me miró y pareció complacida. En realidad pensaba si compartir conmigo su secreto, y decidió que sí.
– Viajo a la Casa de los Espíritus me dijo en un susurro.
– No creo haberte escuchado bien.
– Me has oído perfectamente, ¿quieres venir conmigo? Y sin darme tiempo a responder me tomó la mano e inmediatamente sentí un vértigo amenazante…
Cuando miré a mí alrededor comprendí que estábamos efectivamente en la casa de Clara y Esteban, si hasta Barrabás apareció de la nada moviéndome la cola.
– Esto no es posible – dije en un tono casi inaudible.
Isabel sonrió al tiempo que contestaba: – Claro que sí, suelo visitar a mis personajes, los cuido, me intereso por sus cosas, me preocupo por ellos. Lo hago a menudo. ¿Me dijiste que escribes no? No deberías sorprenderte tanto entonces.
Me quedé paralizada al ver a Blanca, tan hermosa y parecida a su madre. La nana la venia siguiendo de cerca. Estaba realmente allí, no era un sueño. Podía verlos, escucharlos, y… ¿tocarlos? No estaba segura, y no pensaba quedarme con la duda. Me acerqué a Clara, ese personaje entrañable y lleno de misterios. Le acaricié la cabeza, ella inmediatamente me espantó como si fuera una mosca.
– Isabel, esto es maravilloso, no puedo aun creerlo. ¡Tenés que enseñarme!
– Se está haciendo tarde, debemos irnos.
Abrimos la puerta de calle. Me di vuelta para retener en mi memoria este momento único, temiéndolo irrepetible. Vi a Clara que se acercaba.
Cerró la puerta tras nosotras, casi juraría que la escuché decir “Vuelvan cuando quieran”.

Relato en homenaje a Isabel Allende, autora de numerosas novelas, entre ellas La casa de los espíritus en 1982, mi preferida.

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Un encuentro increíble por Luis Goren

Publicado: 13/03/2013 en relato
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almafuerte[1]Era una mañana soleada de primavera, a fines del año 1899, cuando lo vi venir caminando por la acera; con mis 25 años desvergonzados lo encaré y le dije: “Buenos días Don Pedro, ¿o sería mejor decirle Señor Almafuerte?”. Me miró e intentó no ser descortés. “¿Si?”, me dijo tratando de ubicarme. “No nos hemos visto nunca, señor, pero yo lo conozco muy bien a través de sus poesías”. Se sonrió, y esperó que continuara.
“Estoy intentando ingresar en el periodismo y quisiera hacerle un reportaje que voy a titular: “MI POETA PREFERIDO”. Me miró fijo unos segundos, y me dijo: “Mire jóven, en la esquina hay un café, y dispongo de un rato libre, así que vamos y si puedo, contestaré a sus preguntas”
Nos acomodamos en una mesa del rincón, y ante sendos cafés, comencé: “¿Cómo fue que se dedicó a escribir?”; me contestó: “En realidad, cuando era jóven como usted yo quería ser pintor, pero como no conseguí la beca para poder estudiar en Europa, me quedé con las ganas, así que di salida a lo que sentía y pensaba por medio de la poesía”.
“Pero había algo más, ¿verdad? pregunté. “Si, mi otra gran pasión fue y es la docencia; entiendo que es una obligación para toda persona que puede, tratar de educar a las generaciones futuras”. Y continuó: “Por otra parte, gracias a la docencia, tuve el honor cuando estaba en Chacabuco, allá por 1884, de conocer al que fuera presidente de los argentinos, Don Domingo Faustino Sarmiento”.
“¿También incursionó en el periodismo?” “Por supuesto, pero con muchos problemas; yo siempre digo la verdad, y son muy pocas las personas que aceptan que les digan la verdad, en especial los políticos. Por eso me dedico a las poesías, aunque tampoco les gusta mucho lo que digo en las mismas. Leemos en San Juan, en la Biblia, que Jesús dijo: LA VERDAD OS HARÁ LIBRES. Entonces: ¿como no voy a defender la Verdad ?
Sacó un enorme reloj del bolsillo, miró la hora y me dijo: “Perdóneme joven, pero me estan esperando”. Sin más se levantó y se fué. Yo me quedé sentado pensando.

Un momento mágico por Daniel Kritz

Publicado: 11/03/2013 en relato
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Closerie-des-LilasEstábamos paseando en Paris en un maratona de metró y caminatas.
Nuestro hotel estaba en la Rue du Depart en frente de la estación Montaparnasse Benvenue. Para no aburrirme llevé para leer o mejor dicho releer, “Paris era una fiesta” de Hemingway. Todos los días llegábamos agotados al hotel, el Waldorf Montparnasse. Ese día Claudia se acostó temprano y cayó en un sueño profundo. Yo también intenté hacerlo, pero Morfeo no llegaba así que comencé a leer el libro. No sólo que no me dormí sino que comencé a pasear en sus páginas por el Paris de “Papa”, el sobrenombre del viejo. Después de leer tanto sobre sus comidas, ron, borboun y vinos decidí bajar a pasear un poco y tomarme un cognac.
Salí sin rumbo pero instintivamente doblé a la derecha, caminé media cuadra hasta la esquina y doble otra vez a la derecha por el bulevard Montparnasse. Las calles bullían de vida, y eran un cuadro colorido de Toulusse Lautrec, o por lo menos lo era para mi imaginación enfebrecida por el libro. Me subí el cuello del abrigo y caminé otras diez cuadras. De lado del frente del boulevard vi las luces del café La Closerie des Lilas, donde Hemingway solía sentarse en la terraza a escribir al lado del calorcito de las estufas de carbón.
Entré, las estufas no eran de carbón sino eléctricas, pero igual daban una agradable calidez.
Había ya poca gente, una pareja ensimismada en sus arrumacos de amor, un señor leyendo el periódico Le monde y dos señoras tomando un tardío té de la tarde. Se acercó el garcón y le pedí un cognac. Después de unos instantes vi que se acercó a mi mesa un señor mayor, con un traje arrugado, de barba y cabellos blancos.
En un español con acento americano me pidió permiso para sentarse a mi lado.
Acepté casi sin mirarle pensando que si habían muchas mesas vacías ¿porque no ocupaba una? Apoyé los brazos en la mesa y por curiosidad lo observé. Mi asombro me dió un golpe de adrenalina. Antes de hablar tomé un poco del cognac.
– Yo hubiese tomado un bourbon- me dijo
– ¿”Papa…”como es posible?- Le contesté mirando a los demás comensales que no prestaban atención a lo que ocurría.
-¡Paris es una fiesta las 24 horas del día! ¿No es cierto?- me dijo con su típica sonrisa, como si supiera lo que estaba leyendo.
Miré a mi alrededor y me pareció que las estufas eran ahora de carbón, que la pareja de los arrumacos y que las dos señoras del te tardio vestían ropas de los años treinta. Y que ese señor que leía Le monde, tenia un traje con cuello pajarita, bastón y que en su mesa había un sombrero rancho de paja.
“Papa” me sonreía y yo estuve tentado de salir para ver los coches y la gente que circulaban en el exterior.
Como si supiera lo que estaba pensando me dijo:
– ¡No pierdas la magia de este momento! No siempre uno puede viajar en el tiempo o ver escenas del pasado.
Apuré el cognac de un trago y llamé al mozo para pedirle un armagnac que es más fuerte.
– Une seconde, monsieur. dans un instant (En seguida señor- en un momentito) me contestó y entró prestamente en dirección al barman.
– Tiene razón, ” Papa”, verlo a usted de cuerpo presente es un privilegio que nunca pensé tener.
“Papa” se acomodó en su silla como si realmente estuviese sentado, miró a su alrededor y me contestó:
-Poder volver a disfrutar de una noche parisina es también para mi un momento mágico que solo sucede cuando alguien como tú me llama leyéndome con fervor y cariño…
Ahí, antes de que la magia desaparezca me atreví a pedirle algo:
-“Papa”, le tengo que preguntar algo que siempre quise saber… ¿cual es su método de escritura? Sus ideas son tan simples pero a la vez descriptivas con la belleza de un cuadro renacentista. Como ésta por ejemplo- Ahí saqué el libro del bolsillo y simplemente comencé a leer saboreando las palabras, una frase que me había encandilado una hora antes en la cama del hotel.
-“Una chica entró en el café y se sentó sola a una mesa junto a la ventana. Era muy linda, de cara fresca como una moneda recién acuñada si vamos a suponer que se acuñan monedas en carne suave de cutis fresco de lluvia,”- Ahí ” Papa” me interrumpió y entrecerrando los ojos continuó la frase:
-” Y el pelo era negro como ala de cuervo y le daba en la mejilla un limpio corte en diagonal. “. Hizo un espacio de silencio y comentó ¡Tu no te puedes imaginar la belleza diáfana de esa muchacha, seguro que cualquiera que viese a alguien así, se volvería poeta en un instante!
El mozo trajo mi armagnac, se acercó por detrás de “Papa”, cuando se agachó para poner la copa en la mesita, parte del mozo y su bandeja atravesaron el cuerpo de Hemingway.
Este no se inmutó, pero me dijo:
– Parece que la magia se está acabando y debo volver…
-¡No!, no se vaya “Papa”, ¿Quizás le pido un bourbon…?
– Me encantaría, pero últimamente sólo bebo mis recuerdos…
-Un último consejo para un escritor incipiente… ¡por favor!
– Sé que lo eres, por eso vine…anota , esto es algo que yo siempre le digo a los primerizos..:
“Un escritor, si sirve para algo, no describe. Inventa o construye a partir del conocimiento personal o impersonal.”… Después de otro silencio su figura comenzó a desvanecerse y lo que restó de su presencia me saludó….
-¡Adiós, amigo…!
Su imagen se fue diluyendo oníricamente. Yo me quedé como en un trance fantasmagórico pero mi felicidad era real y palpable.
El mozo me llamó a la realidad
– Terminez votre armagnac, monsieur. C’ le temps d’aller au lit.! (¡Termine su argmanac, señor. es hora de ir a la cama!) Avez-vous parlé à un fantôme.?( ¿Hablaba usted con un fantasma?)
Le obedecí, apuré mi trago y pagué la cuenta.
Me levanté despacio y trate de beberme toda la escena para no olvidarla jamás.
La chica de los arrumacos se separó un poco del novio para beber, levanto su copa en mi dirección y me dijo sonriendo:
– ¡Bonsoir, monsieur!

Le Carre por Emilio Feler

Publicado: 07/03/2013 en relato
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24753_1El tiroteo arreciaba. Me metí en la Casbah de Homs. Solo unos minutos atrás me despedí de mi guía e intérprete, que recibió una ristra de balazos, dos en el estomago, mortales.
Maldita la hora en que le pedí al director del diario que me enviara a hacer un reportaje. Es mucho para vos pibe, me dijo, pero igual me mandó. Nadie quería ir.
Me metí por una callejuela, que me parecía llevaba al zoco, con la esperanza de encontrar a alguno de mis entrevistados los pasados días, y pedir cualquier tipo de ayuda. En eso, un hombre delgado, alto, cabello blanco me tomó con fuerza del brazo y me metió en una casa en ruinas.
Lo reconocí, lo había entrevistado un año atrás en su residencia en Cornwall. Era David John Cornwell, conocido como John Le Carre.
Maestro, espeté, ¿qué hace usted aquí? Me envió el Foreign Office, murmuró secamente. Pero, usted está retirado hace décadas. Hasta de escribir dejó, usted mismo me lo dijo un año atrás. ¿Se acuerda?, la técnica y la electrónica me han superado fueron sus palabras. Movió la cabeza hacia los lados, de este oficio no te retirás nunca, salvo muerto. Fuiste espía, lo serás hasta tu tumba, acá me ves, ando buscando si aún viven unos viejos contactos, que me asesoraron cuando escribí La chica del tambor. Ahí le dije, fue una de sus obras más flojas. Sonrió, si ya sé, pero no puedo meter en todos mis trabajos a George Smiley, que bien lo personificó Alec Guiness.
Anduvimos unos cuantos metros y bajamos a un sótano. Allí me dio algo de comer y beber. Se largó a hablar, que la primavera árabe resultó un infierno, y en ningún lugar más sangriento y largo que en Siria, que la democracia occidental no tiene cabida en este agujero del mundo. Quizás si pasen unas cuantas generaciones, pero aún así no le parecía seguro. ¿En que te puedo ayudar? preguntó. Quiero pasar alguna de las fronteras, para buscar refugio en alguna de nuestras embajadas. Yo no puedo llevarte me dijo, tengo una misión aquí en Homs, pero tengo alguien que te va a llevar a la frontera con Jordania, pues en todas las otras, alguien te puede liquidar, y entrar a Irak, es casi como quedarse aquí.
Mientras le pedí me firme unas fotos que casualmente llevaba conmigo, le sugerí escribir algo sobre la conflictiva primavera árabe. No, venir al terreno me rejuvenece, pero escribir, ya no es para mí, te lo he dicho. Debo reconocer que antes de Bukowsky, Le Carre fue por muchos años mi autor favorito.
Media hora después me recogió un jeep, que por diversos caminos, todos abarrotados de refugiados, me dejó en la frontera, donde unos cientos de dinero contante, me llevaron a salvo a Amann.

El conflicto por Gustavo Goldin

Publicado: 05/03/2013 en relato
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jkrishnamurti_prayerPreocupados están los hombres, según mi observación, el mundo está en
conflicto en sí mismo, por eso decidí viajar a la India en busca de un filósofo.
Allí encontré a Jiddu, un gran escritor filósofo de la comprensión humana.
Maestro, le dije. Me interrumpió, no soy maestro, simplemente, Jiddu.
Sorprendido, atónito ante la respuesta, me encontraba frente a uno de
los más grandes maestros del siglo XX, y él me contestó con humildad, con
tanta sencillez, que comprendí inmediatamente su propuesta. El hombre vive
apegado al mundo material, identificado con una religión, compitiendo uno
con el otro, es por eso, que el hombre sufre. Sufre por conseguir una posición
social, ser alguien en la vida. ¿A costa de qué? De su propia vida, porqué se
desvaloriza, no siente seguridad por sí mismo, entonces, ¿qué ocurre? Se
enferma, se deprime y muere.
Este conflicto, se desarrolla en toda la sociedad y se repite en todos los países
ricos, pobres, todas las etnias y religiones.
La solución a este conflicto es, que cada persona, hombre o mujer, escuche
su corazón, piense por sí mismo, realice un balance de su vida, y observe en
su interior.

Jiddu Krishnamurti filósofo nacido en la india 12-05-1895 fallecido 17-02-1986

San Pablo, 1977 por Miriam Podjarny

Publicado: 03/03/2013 en relato
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imagesBrilla el sol, la arena está más blanca que nunca, hiere mirarla.
Estas sentado al lado mío, y quiero que dialoguemos, que me cuentes y no se por donde comenzar.
Me miras y no descifro tu mirar.
De pronto te levantas, me tomas de la mano y me dices – En el agua será más fácil.
– Cuentame ,te digo
– ¿Por qué quieres saber?
– Decido ser directa – por celos
– Pero no entiendo, mi libro, una mujer y dos hombres, no tiene relación con nosotros.
– Tal vez si, tal vez no.
– Es fantasia
– Fantasía, ¿ tu fantasía? ¿una relación de tres?
– No, creo que te has perdido en la lectura del libro y el mensaje no ha llegado.
– Explícame, por favor. Siento que estoy rogando, no me ayudas, y me siento confusa.
– Bueno, te volveré a explicar, no se trata ni de ellos, ni de nosotros, se trata de la vida, de lo que necesitamos para vivir, lo espiritual y lo físico.
Las dos cosas no se dan por cierto en una misma persona, y el libro cumple la función de querer hacernos ver una vida completa.
– Ves, tengo razón, no eres feliz solo mí, te falta una parte, dime quién sería esa otra parte. ¿Cuál de mis amigas ?
– Ninguna, me estas llevando a territorios que no quiero llegar. Tenemos que escucharnos, te propongo que nos olvidemos del libro.
– No puedo, el libro eres tú.
– Caminemos
– Sí .Tu hacia el sur, yo hacia el norte.