Archivos de la categoría ‘relato’

Identidad por Miriam Podjarny

Publicado: 10/09/2013 en relato
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mujer-leyendo-de-kuroda-seikiSon las seis de la tarde, estoy leyendo “Días de tormenta “el Nuevo libro de Mijal Shalev.
Primera página, describe las cabañas en los altos del Golan, nieva. Ya no estoy en casa, estoy mirando el paisaje, blanco de nieve, sentada frente al fuego.
Las páginas pasan una tras otra, mientras digiero la historia de OleK , soy transportada a Varsovia ,sufro en el guetto , muero .
Decido buscar historias que ocurrieron en el Guetto, enciendo un cigarrillo y comienzo a leer.
Descubro fascinada el valor de algunos polacos entrando por el alcantarillado, llevandoles medicinas, armamento y tantas otras cosas. Niños y jóvenes luchando por sus vidas, por su identidad.
Miles de muertos.
Apago, fumo y de pronto entiendo que nunca he luchado, nunca me he preguntado por mi identidad, mis raíces. Todo siempre fue claro, soy judía, mi país Israel y para colmo una burguesa.
Lloro, creo que me estoy despertando de una gran pesadilla y por primera vez entiendo que estoy viva. ¿Para qué? ¿Por qué? El silencio me responde.
Deslizo mi mano al cajón, es tan fácil, luego no tendré más preguntas a la falta de respuestas.

Imagen : Mujer leyendo de Kuroda Seiki

Final por Luis Goren

Publicado: 09/09/2013 en relato
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cuchillo-fallkniven-nl5cxHe decidido poner fin a mi vida; tengo cuarenta y ocho años, y hace treinta que trabajo (si se le puede llamar trabajo) como asesino a sueldo para la familia más importante de la mafia. He cobrado muy bien por cada trabajo que me encargaron, y he vivido espléndidamente entre encargo y encargo.
Sin embargo ayer no pude realizar mi cometido. Me encontré frente a un chico de 12 años, y no lo pude matar; no me pregunten por qué causa no lo hice. Sólo sé, que algo se rompió dentro de mí, y me encontré mirando a una criatura que podría haber sido mi hijo, y no pude apretar el gatillo.
Como sé muy bien cual es el castigo que me espera, y no quiero darles el gusto, lo voy a hacer a mi manera, como expiación por todas las muertes que jalonaron mi vida. Tomaré el cuchillo que utilicé en tantas ocasiones, y me voy a cortar la yugular, para después caminar lentamente y luego de rodillas hasta que muera desangrado, así este reguero de sangre mía será el camino que hice toda mi vida, es decir dejar un reguero de sangre por donde pasé.
No recuerdo a cuantos mandé al viaje sin regreso, pero no me siento culpable de lo que hice; si no lo hacía yo, habría sido cualquier otro de los tantos que por un dólar, son capaces de matar a la madre. Siempre pensé (quizás como auto excusa), que yo no era el culpable, sino la sociedad, donde el dinero es todo y está justificado hacer lo que sea por conseguirlo, y así hice yo. Lo que no puedo terminar de entender, es para qué amontonan dinero, tantas personas que no lo disfrutan y solamente lo atesoran. Bueno basta de disquisiciones y terminemos de una vez. Mi decisión está tomada, así que adiós mundo cruel.
QUE NO SE CULPE A NADIE DE MI MUERTE

Por la crisis por Daniel Kritz

Publicado: 06/09/2013 en relato
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descargaFue en la época de la crisis, en los finales del siglo XX, principios del XXI. Las empresas se derrumbaban como castillos de naipes
Muchas familias se disolvieron y los diarios dedicaron una sección especial para los suicidios
En las cámaras legislativas se discutía si era conveniente obligar por ley la instalación de rejas en las ventanas y prohibir el acceso a las terrazas de los edificios altos.
Nada ayudó, la ola de suicidios diarios fue aumentando y solo se detuvo cuando amainó la la tormenta
La policía pensó que la muerte de mi padre fue uno más.
En realidad nunca se pudo determinar si se quitó la vida o si fue un asesinato.
Cuando entraron a su cubículo todavía se podía ver en la pantalla de su computador un gráfico de la caida brutal de sus acciones.
Encontraron su cuerpo un poco alejado con un disparo en la cabeza.
Había un reguero de sangre desde su sillón hasta el lugar donde estaba, como si se hubiese arrastrado para pedir ayuda.

Su socio en la firma desapareció sin dejar rastros. Su cuerpo nunca fue encontrado y su ex esposa no sabía su paradero.
No se supo si se había suicidado o escapado.
Mi viejo era un tipo muy positivo y optimista, por eso fue muy sospechosa la posibilidad de su suicidio.
Siempre pensé que el socio quemó las acciones y sacó toda la plata que pudo antes de la debacle.
A mi viejo lo enterramos esa misma tarde en La Tablada, el cementerio judío.
Tuve que dar una coima para que no lo pongan al lado del paredón, junto a los suicidas.

Esto paso hace más de 10 años.
Hoy por casualidad encontré la respuesta a la incógnita del modo más inverosímil que podría haber sucedido.
Estoy veraneando en Acapulco (México) y he alquilado un automóvil.
Paseando por la avenida costanera pase a un ómnibus que se detuvo en una de sus paradas. Uno de los pasajeros descendió y cruzo la calle distraído, sin mirar el tráfico, por delante del mismo.
Apareció de repente enfrente de mi coche.
Atiné a frenar pero lo atropellé inevitablemente. Bajé del coche para intentar ayudarlo pero no pude hacer nada, estaba agonizando.
Cuando le vi la cara me espanté. Era Miguel, el ex socio de mi papá.
Estaba vestido con un pantalón raído y una vieja remera.
El paso de los años lo había deformado un poco, pero no tuve la menor duda, era él. Con un gran esfuerzo abrió los ojos, me miró reconociéndome.

Antes de expirar solo dijo tres palabras:

– Fui yo, perdón.

Descargo por Aída Rebeca Neuah

Publicado: 05/09/2013 en relato
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gusanos-1Culpable: VOS. De hacerme vivir mi triste destino, gusano asqueroso con ínfulas de buen tipo. Pobre de mí, que desde el primer instante de vida cargué con el peso de tu muerte. ¿Quién sos? Si ni siquiera te conozco. Nunca te vi. Lo único que sé de vos es que sos un bicho inmundo, un manipulador. Claro, vos desertás, te dejás morir, te pirás y se supone que lo hiciste por mí. Me echás la culpa. ¿Qué yo soy responsable? ¿Cómplice de homicidio? No me digás. Qué piola. ¿Por qué no te hacés un poquito cargo de este asunto en vez de endilgarme el bardo a mí, confabulador de cuarta? Te suicidaste. Te inmolaste por cobardía, larva asquerosa. No me vengás con cuentos chinos. Ni vos te bancabas lo que eras, un insecto repugnante. Querías ser otra cosa. Querías el cielo y la tierra. Querías todo. Querías volar.
La mariposa

El dibujante por Gabriela Szuster

Publicado: 04/09/2013 en relato
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dibujantes-300x225Apenas apareció mi corazón comenzó a bombear con una fuerza inusitada. El lo notó inmediatamente, vi la sonrisa autosuficiente que trató vanamente de disimular cuando se percató que lo estaba mirando. Ella también sintió algo, estoy seguro. Era muy joven e insegura así que hizo lo que él le ordenaba, y por lo tanto no nos cruzábamos jamás. Yo siempre me las ingeniaba para espiarla, y mi corazón preso de su hechizo, reaccionaba al instante. Comencé a odiar a Joaquín, me lo hacía a propósito, disfrutaba con mi sufrimiento, y mi desesperación iba en aumento. Lentamente la venganza fue tomando forma en mi cabeza, tenía que ser muy cuidadoso, ya que cualquier detalle podría fácilmente delatarme. Aproveché que el cierre de edición estaba próximo y Joaquín estaría nervioso para entregar a tiempo. Cuando sentado frente al tablero Joaquín dibujaba a mi amada, salí de de mi escondite y le grité fuerte que la amaba. Aprovechando el desconcierto de Joaquín vacié la tinta roja en su cubículo, llenando todo de sangre. Joaquín cayó al instante, aturdido, herido. Comenzó a alejarse de nosotros dificultosamente, mientras tomaba a mi amada en brazos para vivir nuestra peculiar historia de amor

Verano sin fin por Emilio Feler

Publicado: 03/09/2013 en relato
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El-30-de-la-poblacion-espanola_54301027540_51347059679_342_226Sudor, la almohada empapada, el boxer también. Me despierto, voy a orinar, el calor pienso medio en sueños, el eterno verano ha de ser, o porque no la maldita próstata que con los años crece, eso si tenés suerte, a algunos les va peor. Me vuelvo a la cama, pongo una toalla sobre la almohada para poder dormir. Sueño, tengo uno recurrente. Alguien se arrastra en medio de manchas rojas, de sangre ha de ser, yo que siempre sueño en blanco y negro, de repente veo un color. Será que lo asesinaron, o quizás se suicidó, seré yo o algún otro. Me despierto traspirando. Voy de vuelta al baño, me cambio el boxer, tiro la toalla con bronca, el perro a un costado de la cama se asusta y se va a acostar al pasillo. Creo que me vuelvo a despertar, a la mañana no estoy seguro, me mido la glucosa y la tengo muy alta. Cosa rara, los sueños siempre huyen de mi consciente, este del tipo o yo arrastrándose queda fijo.
La noche que sigue, repetición de la anterior, sudor, orinar, el que se arrastra por el cuarto ensangrentado, boxer y almohada húmedos, me despierto varias veces, a la mañana la glucosa altísima.
Otra noche, me cuidé con la fruta, la comí como alguien normal y no alguien que se está suicidando. Traspiro menos, a la mañana la glucosa casi normal. Me duermo en los laureles, como de todo, cual alguien sano, y la noche terrible, el sueño que ya es fijo y después de sacar a los perros la glucosa muy alta.
Un amigo me recomendó una bruja, o algo así, que hace de todo, y también interpreta los sueños. La llamo, desconfía, me pide señas del amigo. Me pide que la llame en dos días, las noches se repitan, calor, sudor, creo que me vuelvo loco, y no dejo de soñar con la sangre.
La curandera me recibe, me hace pagar la consulta antes de nada, no es barato, la vieja me ofrece masajes como los que se hace mi amigo. Lo rechazo, pensar que ese engendro me pueda tocar me da nauseas, creo que ella se da cuenta, mueve la cabeza en negación, me mira de mala manera. Le cuento todo. Me pregunta qué pasa con mi sangre. No le contesto, hasta que me doy cuenta que todos los días me pincho para medirme la glucosa. La marrana se ríe, Usted sueña con su diabetes, que todos los días la mide, y vive la noche torturado pensando cuan alta tiene la enfermedad. Se ríe, lo suyo es fácil dice. No me causa gracia, le digo que por la boludez que me dijo, me devuelva la plata. Da un gritito y aparece un urso que me agarra de los hombros y a los empujones me saca del cuarto, me tira al palier, y me dice que no vuelva o no la voy a sacar barata.
Voy al médico, sos un caso perdido me dice, si no cambias la manera de vivir te vas a morir y eso más pronto que más tarde. No le digo nada, pero lo miro con odio, se da cuenta, si no te gusto búscate otro médico, me dice, estos médicos de las mutuales son unos cretinos, si fuera uno privado ya me estaría hablando de otro modo.
Ensimismado cruzo la calle sin fijarme, un coche, un taxi, me lleva por delante. Aunque siento que agonizo, escucho la ambulancia venir, cuánto tarda, me voy a morir aquí en la calle rodeado por todos estos desconocidos de mierda.

Imprevisto Vera Winitzky

Publicado: 28/05/2013 en relato
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266Buenos Aires. Noche primaveral de sábado. Iglesia San José de Flores totalmente iluminada y con flores blancas diseminadas por doquier.
Los novios ante el altar mayor frente al cura Fermín. Se escuchan los últimos acordes de la Marcha Nupcial. José Copello, el novio, acaba de dar el SI mirando a su amada.
Con palabras firmes se escucha ahora la voz del cura diciendo a la novia: Elvira Galín quiere por esposo al señor José Copello, en la salud y en la enfermedad, en la pobreza y en la riqueza y le será fiel toda la vida?
Retumbó rotundo y estridente el NO. La novia giró sobre sus talones, rápidamente tiró sus zapatos blancos, tomó la cola de su vestido y salió corriendo de la Iglesia. El novio perplejo miraba a su madre y a su suegra desmayadas. Todos impávidos y alelados. El Cura Fermín se quedó sin palabras mientras los invitados se retiraban sorprendidos. tristes y cabizbajos.