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1274455123En un pueblo de La China las mujeres paren de a dos, un vástago amarillo y  uno rosado, uno bello y el otro de buen corazón. Cuando crecen y se enamoran ya no pueden distinguirse.

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imagesFrida se despertó con la cabeza pesada de un sueño de morfina y alcohol. La única combinación que le permitía algunas horas de descanso.
La pesadilla del accidente del ómnibus la había visitado esa noche.
Llamó a la muchacha para que le ayude a vestirse y asearse para batallar un nuevo día. La columna le dolía horriblemente.
Pensó:
– Voy a tomar los calmantes con el desayuno.
La cocinera le preparó los molletes con jugo de naranja que pidió la noche anterior. Diego le prometió desayunar con ella, pero el comía más pesado, para hoy se le había antojado unos chilaquiles.
En el desayuno Frida no le sacó la vista de encima a Rivera, sus ojos “dardeaban” hasta tal punto que Diego la miró con la mirada interrogante.
-¿Y qué tal la Cristina (refiriendo a su hermana)?- ¿Es buena de cama?- Le preguntó.
Diego le contestó punzante:
– ¿Y León, que tal la verga comunista del viejo, se le para o se dedica a leer El capital, ja, ja…?
La risa le sacudió su abultado vientre.
Frida no le respondió, se imaginó a Diego arriba de su hermana y algo le revolvía las tripas, por otro lado también pensó en la bronca que le daba a Rivera que Trotsky, justo Trotsky…León Trotsky …Ídolo del Rivera en su juventud, poseyera a “su” Frida en el cuarto de huéspedes. Se pasó la lengua por los labios relamiendo la venganza.
Pero esta pequeña discusión domestica no fue lo que haría de este día uno muy especial.
Frida miro el almanaque, indicaba 30 de agosto de 1940. No pensó que fuese una fecha diferente de las escritas en el negro grueso de los días comunes.
¡Pero un poco más tarde una noticia terrible tiñó de rojo su número del calendario!
Desde la cocina se escuchó la radio de la cocinera.
El locutor en ese tono dramático de las desgracias, la transmitió en un boletín relámpago antes del noticiero matutino.
Esa misma mañana un tipo aparentemente llamado Jacques Monard Vendendreschd, consiguió acercarse al “viejo” con el pretexto de darle a leer un escrito de su autoría.
Cuando Trotsky estaba distraído le golpeó violentamente la cabeza con un “piolet” *de andinista. Trotsky no murió en el acto, inclusive se defendió del asesino, que mucho más tarde se descubriría como Ramón Mercader, un comunista catalán enviado por Stalin.
Frida y Diego quedaron absolutamente desconsolados y espantados por el trauma del violento asesinato, tanto a uno como al otro el desencuentro de pasiones les revolvió el estomago.
El grito de Trotsky, como así fue llamado el asesinato, tuvo de ahí en mas un gran influencia en la pintura de Frida. La sangre de ese crimen se sumó al colorido dolor ya preexistente y chorrea de la mayor parte de sus obras.