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Verano sin fin por Emilio Feler

Publicado: 03/09/2013 en relato
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El-30-de-la-poblacion-espanola_54301027540_51347059679_342_226Sudor, la almohada empapada, el boxer también. Me despierto, voy a orinar, el calor pienso medio en sueños, el eterno verano ha de ser, o porque no la maldita próstata que con los años crece, eso si tenés suerte, a algunos les va peor. Me vuelvo a la cama, pongo una toalla sobre la almohada para poder dormir. Sueño, tengo uno recurrente. Alguien se arrastra en medio de manchas rojas, de sangre ha de ser, yo que siempre sueño en blanco y negro, de repente veo un color. Será que lo asesinaron, o quizás se suicidó, seré yo o algún otro. Me despierto traspirando. Voy de vuelta al baño, me cambio el boxer, tiro la toalla con bronca, el perro a un costado de la cama se asusta y se va a acostar al pasillo. Creo que me vuelvo a despertar, a la mañana no estoy seguro, me mido la glucosa y la tengo muy alta. Cosa rara, los sueños siempre huyen de mi consciente, este del tipo o yo arrastrándose queda fijo.
La noche que sigue, repetición de la anterior, sudor, orinar, el que se arrastra por el cuarto ensangrentado, boxer y almohada húmedos, me despierto varias veces, a la mañana la glucosa altísima.
Otra noche, me cuidé con la fruta, la comí como alguien normal y no alguien que se está suicidando. Traspiro menos, a la mañana la glucosa casi normal. Me duermo en los laureles, como de todo, cual alguien sano, y la noche terrible, el sueño que ya es fijo y después de sacar a los perros la glucosa muy alta.
Un amigo me recomendó una bruja, o algo así, que hace de todo, y también interpreta los sueños. La llamo, desconfía, me pide señas del amigo. Me pide que la llame en dos días, las noches se repitan, calor, sudor, creo que me vuelvo loco, y no dejo de soñar con la sangre.
La curandera me recibe, me hace pagar la consulta antes de nada, no es barato, la vieja me ofrece masajes como los que se hace mi amigo. Lo rechazo, pensar que ese engendro me pueda tocar me da nauseas, creo que ella se da cuenta, mueve la cabeza en negación, me mira de mala manera. Le cuento todo. Me pregunta qué pasa con mi sangre. No le contesto, hasta que me doy cuenta que todos los días me pincho para medirme la glucosa. La marrana se ríe, Usted sueña con su diabetes, que todos los días la mide, y vive la noche torturado pensando cuan alta tiene la enfermedad. Se ríe, lo suyo es fácil dice. No me causa gracia, le digo que por la boludez que me dijo, me devuelva la plata. Da un gritito y aparece un urso que me agarra de los hombros y a los empujones me saca del cuarto, me tira al palier, y me dice que no vuelva o no la voy a sacar barata.
Voy al médico, sos un caso perdido me dice, si no cambias la manera de vivir te vas a morir y eso más pronto que más tarde. No le digo nada, pero lo miro con odio, se da cuenta, si no te gusto búscate otro médico, me dice, estos médicos de las mutuales son unos cretinos, si fuera uno privado ya me estaría hablando de otro modo.
Ensimismado cruzo la calle sin fijarme, un coche, un taxi, me lleva por delante. Aunque siento que agonizo, escucho la ambulancia venir, cuánto tarda, me voy a morir aquí en la calle rodeado por todos estos desconocidos de mierda.

imagen_prostibulo_zona_alta_barcelona-¿Que me trae Doña Elisa?
-La nena, ya está en condiciones de empezar.
-Pero es muy jovencita.
-Así como la ve se conoce todas las pijas del barrio.
-Bueno, le doy mil pesos.
-Yo pensaba al menos cinco mil.
-Dos mil o se la lleva, es tan joven que la poli va a querer más plata.
-No sea miserable que le he traído no solo a mis hijas sino también alguna sobrina.
-Agarre tres mil y ya está.
Así empezó Florencia a trabajar en el prostíbulo del Alemán, cuya Madama era la Hortensia. No era como hacerlo en su barriada, allá era por cariño, o por pasar un rato, bueno, a veces por una comida, o un par de zapatos. En este lugar recibía viejos, gordos, sudorosos, olorosos, violentos, pero con el tiempo el asco se le fue yendo, y le daba todo lo mismo.
Lo que más recordaba era el día que Hortensia al salir con un cliente de los buenos, que le daba propinas
Esta es toda la plata que le sacaste, y para eso estuviste dos horas, y le dio un cachetazo, que le dejó roja la mejilla izquierda, ponete en bolas siguió. En la vagina en una bolsita plástica estaban los ahorros que hacia Florencia, ahí recibió un golpe en la mejilla derecha, y cuando llegó el Alemán, le pegó tanto, que estuvo diez días en la cama, pues no la quisieron llevar al hospital. Lo único bueno, que fueron días sin trabajar. Aprendió la lección y se hizo más astuta.
Cuatro veces quedó embarazada, y el dueño del lugar vendió los bebés a buen precio.
Llegó a ser preferida del dueño, que cuando cumplió los cuarenta en lugar de mandarla a trabajar a la calle, como hacía con las otras, la puso de madama en lugar de Hortensia. La Hortensia fue de regalo a un buen cliente, que la empleó de sirvienta en la casa.
Florencia le encantaba cuando venían chicos quinceañeros, atenderlos ella a todos, e iniciarlos en la vida sexual.
Se había hecho fuerte en su nuevo puesto, y un día cuando salió una de las nuevas con un buen cliente
Esta es toda la plata que le sacaste, y para eso estuviste dos horas y le dio un cachetazo que le dejó la nariz sangrando.

-Desnúdate hija de puta.

Le Carre por Emilio Feler

Publicado: 07/03/2013 en relato
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24753_1El tiroteo arreciaba. Me metí en la Casbah de Homs. Solo unos minutos atrás me despedí de mi guía e intérprete, que recibió una ristra de balazos, dos en el estomago, mortales.
Maldita la hora en que le pedí al director del diario que me enviara a hacer un reportaje. Es mucho para vos pibe, me dijo, pero igual me mandó. Nadie quería ir.
Me metí por una callejuela, que me parecía llevaba al zoco, con la esperanza de encontrar a alguno de mis entrevistados los pasados días, y pedir cualquier tipo de ayuda. En eso, un hombre delgado, alto, cabello blanco me tomó con fuerza del brazo y me metió en una casa en ruinas.
Lo reconocí, lo había entrevistado un año atrás en su residencia en Cornwall. Era David John Cornwell, conocido como John Le Carre.
Maestro, espeté, ¿qué hace usted aquí? Me envió el Foreign Office, murmuró secamente. Pero, usted está retirado hace décadas. Hasta de escribir dejó, usted mismo me lo dijo un año atrás. ¿Se acuerda?, la técnica y la electrónica me han superado fueron sus palabras. Movió la cabeza hacia los lados, de este oficio no te retirás nunca, salvo muerto. Fuiste espía, lo serás hasta tu tumba, acá me ves, ando buscando si aún viven unos viejos contactos, que me asesoraron cuando escribí La chica del tambor. Ahí le dije, fue una de sus obras más flojas. Sonrió, si ya sé, pero no puedo meter en todos mis trabajos a George Smiley, que bien lo personificó Alec Guiness.
Anduvimos unos cuantos metros y bajamos a un sótano. Allí me dio algo de comer y beber. Se largó a hablar, que la primavera árabe resultó un infierno, y en ningún lugar más sangriento y largo que en Siria, que la democracia occidental no tiene cabida en este agujero del mundo. Quizás si pasen unas cuantas generaciones, pero aún así no le parecía seguro. ¿En que te puedo ayudar? preguntó. Quiero pasar alguna de las fronteras, para buscar refugio en alguna de nuestras embajadas. Yo no puedo llevarte me dijo, tengo una misión aquí en Homs, pero tengo alguien que te va a llevar a la frontera con Jordania, pues en todas las otras, alguien te puede liquidar, y entrar a Irak, es casi como quedarse aquí.
Mientras le pedí me firme unas fotos que casualmente llevaba conmigo, le sugerí escribir algo sobre la conflictiva primavera árabe. No, venir al terreno me rejuvenece, pero escribir, ya no es para mí, te lo he dicho. Debo reconocer que antes de Bukowsky, Le Carre fue por muchos años mi autor favorito.
Media hora después me recogió un jeep, que por diversos caminos, todos abarrotados de refugiados, me dejó en la frontera, donde unos cientos de dinero contante, me llevaron a salvo a Amann.

Un cuento explosivo por Emilio Feler

Publicado: 05/02/2013 en relato
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images (1)Jeremías llegó a la hora de siempre a su puesto en el control nuclear de México, el 3 de setiembre de 2039. Su novia esa tarde lo dejó por Gervasio, un amigo mutuo. Lo primero que hizo al tomar su guardia fue largarse a tomar tequila que tenía escondida para momentos de crisis. Serían las cuatro de la madrugada, y el muchacho totalmente bebido se cayó sobre los controles de lanzamiento de proyectiles nucleares, lanzando un mísil que destruyó San Francisco.
Los americanos mientras investigaban el suceso, tiraron una bomba de precisión sobre la flota rusa anclada en Sebastopol eliminándola. Los rusos bombardearon Atlanta y Houston, mientras Estados Unidos borraba del mapa la ciudad de México y sus cuarenta millones de habitantes. La India y Paquistán no se hicieron rogar y se lanzaron mutuamente una andanada de cohetes con cabeza nuclear. Delhi e Islamabad ardían. Irán e Israel se cohetearon recíprocamente, y el segundo de ellos aprovechó la oportunidad para eliminar a Bagdad y Damasco del mapa. Corea del Norte borraba Seúl y los chinos para evitar problemas hacían lo mismo con Pyongyang.
En enero de 2040 la raza humana se había extinguido, salvo por aquí y por allá, individuos en soledad que vagaban buscando comunicarse con otros sobrevivientes.
Cuando se empezaron a juntar eran todos distintos, sin ojos algunos, sin orejas otros, muchos sin nariz, casi todos la piel quemada en diferentes lugares y grados. Cuando de estos pocos miles de sobrevivientes en el globo, empezaron a nacer niños, eran todos similares de una nueva raza, un ojo enorme en la frente, los otros dos ojos ciegos, la nariz tres perforaciones por lado, como minúsculas branquias, un solo labio leporino, nadie pasaba el metro cuarenta, y se desplazaban con pies y manos, y muchos de ellos reptaban. El idioma que hablaban, mezcla de los idiomas de las gentes que mas sobrevivieron, yuxtaponían el mandarín, el español y el hindú.
El mundo animal y vegetal en la tierra casi se había extinguido, estando las aguas totalmente contaminadas de radiación nuclear. Dos generaciones después los machos y hembras de la especie se fueron convirtiendo en estériles, y al ir muriendo dejaron este mundo vacio.

Una Eva y dos Adanes por Emilio Feler

Publicado: 23/01/2013 en relato
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00v/47/arve/G1998/091El primer día de la filmación, Marilyn como era su costumbre llegó tarde. Vino acompañada del esposo, Arthur Miller, que la convenció de hacer el papel, ya que la diva no gustaba de Billy Wilder, que dirigía la película.
El director estaba un tanto preocupado pues en su anterior película, La comezón del séptimo año, Marilyn tuvo miedos, fobias, y constantes olvidos de la letra. En cuanto empezaron a programar el trabajo, la artista exigió tener participación en el armado de las escenas, dado sus estudios en el Actor Studio. Wilder quiso negarse, pues si el primer día venía con tantas pretensiones, la filmación sería un tormento. Allí Marilyn se mostró hostil, faceta que no se había visto en anteriores trabajos.
Una vez aceptados los requerimientos de la Monroe, empezaron con la primer escena, una de amor, en la cual a Tony Curtis después del beso erótico, no se le ocurrió nada mejor que decir en broma, que fue como besar a Hitler, causando un estallido nervioso de Marilyn. Tardó dos horas exactas en calmarse, y ahí dejaron la escena de lado, e hicieron una con Jack Lemon, que con varias interrupciones se pudo terminar, después de repetirla una quince veces a pedido de la artista.
Billy estaba un tanto alterado, y pidió un lapso de quince minutos para tomar café y tranquilizarse. Ella quería irse del estudio. Hablaron con Miller, que en un aparte logró devolverla al trabajo.
Wilder quería a esa altura interrumpir el trabajo y reemplazar a la Monroe con otra actriz. Decía que en lugar del Actors Studio ella debería escuchar al director de la película.
Ella exigió reanudar la filmación o que cambien al director y eso fue casi gritando.
El productor dio orden de interrumpir y seguir al otro día.
Miller y Marilyn se volvieron a la casa en un taxi, discutiendo todo el tiempo ya que ella quería abandonar el trabajo y él le recordaba la multa que en ese caso tendrían que afrontar.
Al llegar a la casa, la criada les dijo que llamaron del laboratorio, que los análisis para ver si estaba embarazada estaban listos. Se comunicaron y estaba embarazada.
Una vez más lo perdería, pero en ese momento fue un elixir que la calmó y se recostó en un sillón para dormitar.
Para poder dormir esa noche, tomó su clásico coctel de calmantes, ya que sin ellos no lo lograría.

Un día en mi vida por Emilio Feler

Publicado: 18/01/2013 en relato
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A Champagne Cheers!Me levanto a las tres, primer orín del día. Sigo durmiendo, como si no me hubiera levantado. Desde las seis, los perros, dos de mi hijo, casi siempre en casa, y una mía, regalo de mi hijo, merodean de mi lado de la cama, hasta que me despierto, o me despiertan. Me visto a las apuradas, no me preocupo del ruido que hacen los perros, pues es mi mujer la que los trajo a casa. Tomo la pastilla de una hora antes del desayuno, les engancho el collar a los bichos, y salgo. Según el ánimo, doy la vuelta larga hasta el waddy(valle que el agua de las lluvias forma), o la vuelta corta para soltarlos antes. Hago con ellos una recorrida de una media hora, los engancho y volvemos a casa. Desayuno con mi mujer, ella se va enseguida a trabajar, yo leo los diarios del internet, el diario de papel que recibo, veo lo poco que tengo que hacer desde que me jubilé, y me largo a la vida.

Llego a la ciudad vieja, voy al cafetín donde me sirven un expreso largo cortado, y termino de leer el diario, en verano agrego una coca diet.

Voy al banco por si hay algo que hacer, casi nunca hay. Hay un ruso que vende de todo, entre eso, libros reusados, poca la vez que le compro algo.

Hoy tengo que ir a impositiva y a hacer gimnasia con los jubilados, de sentado. No se me dan las ganas, paso por el super, y compro las dos, tres cosas que faltan, nunca más , pues voy casi a diario.

Me voy a casa, espero a Ester, que arma el almuerzo. Después de ello, juego en la computadora, leo siempre algo, y cuando me lo propongo mucho veo una película, hoy no.

Tuve suerte, me agarró sueño, me tiré sobre el sillón y me dormí una siesta de algo así como una hora.

Me comunico con amigos en Buenos Aires para desearles feliz año, acá ya no se estila entre mis gentes.

Leo algo, juego algo, me fijo en la agenda que voy a hacer mañana, pues como hoy no hice lo poco que tenia, lo pasé todo para mañana.

Mi hijo está por venir, viene a brindar con nosotros, teniendo en cuenta que nosotros no solemos hacerlo, va a hacer interesante, bebidas tengo, nunca faltan, bah en casa nada falta, soy tan metódico y aburrido.

De repente me acordé que ayer Daniel me dio a escribir un día de mi vida, y bueno, hoy fin del 2012 ha sido por mi elegido, en realidad no es distinto de otros días de mi vida.

Soy un tipo que toma la vida con filosofía, un provocador , dice últimamente el que coordina mi escritura, y bueno a joder, como dirían los gallegos.

Feliz año para todos y que sea un año pacífico.

peluquería secadorSon casi las doce del mediodía. Me apuro a prender la radio para escuchar las noticias. Un hombre de veinticinco años de edad, mató a su esposa de treinta y uno, ambos padres de dos niños de seis y un año y medio y al peluquero, que estaba atendiendo a la mujer. Sueño despierta y me remonto al pasado.

Mi marido se casó conmigo por complacer a su familia, que no lo toleraba por sus inclinaciones sexuales, pero ni hijos ni nada salió de ese matrimonio. Le daba asco tocarme, cierto que de delicado que era lo trataba de disimular, pero más de una vez lo sorprendí con revistas donde había fotos de hombres desnudos o en ropa interior.

Muchos hombres lo celaban, pues sabiéndolo casado, pensaban que podía tener algo con sus mujeres, y las venían a acompañar a la peluquería.

Hace seis meses, estaba en una playa, con mi prima, y tomaba un café en la rambla, cuando un caballero alto, apenas llenito, con cabello entre rubio y pelirrojo, unos ojos verdes que copaban, descaradamente, mientras me saludaba sonriendo, se sentó frente a mí. No tuve fuerza para decirle que se vaya, y esa noche no dormí en el hotel en la misma pieza que mi prima. Por fin supe lo que era tener sexo con un hombre, si cada vez que me acuerdo se me humedecen las entrañas.

Mi marido se dio cuenta enseguida, y me lo dijo, pero el divorcio no te voy a dar, así que lo tendrás de amante y nada más.

Empecé a sufrir, y solo vivía cuando veía a mi amado, me pidió que me casara con él, lo que yo no podía, que fuera a convivir, lo que me haría perder la dote que mi padre, entregó para entrar en la prestigiosa familia de mi cónyuge.

Una de las clientas de la peluquería me contaba del hijo que entraba y salía de la cárcel y la llenaba de dolor. Le pedí el teléfono y me relacioné con él. Le pedí un arma no registrada, porque de noche cuando había ruidos, me asustaba y no podía dormir. No me creyó, pero no le importó, tampoco quiso cobrarme, pero me sometió sexualmente, una temporada, hasta que cayó una vez más preso, esta vez por pegarle a un tipo en un bar. No disfruté como con mi amado, pero el sexo que me brindaba, brutal con golpes e insultos, me colmaba espiritualmente.

Empecé a pasar más tiempo en la peluquería, para sorpresa de mi marido. Así me relacioné con Vladimir, o Vladi, que venía con la esposa un tanto mayor que él, por los celos que le despertaba mi marido. Ella venía un par de veces a la semana, y él con ella. Cuando lo veía lo invitaba a fumar, lo que hacíamos en el patio, y ahí le lloraba, que mi marido me engañaba, que no me respetaba. El se ponía rojo, pero no soltaba palabra. Un día salí a fumar y cuando él vino, no lo invité, pedile a la puta de tu mujer y me largué a llorar. No le di otras explicaciones. Dos o tres veces repetí la escena, hasta que dejé de ir por el negocio. La última vez, después de limpiarla debidamente deje el arma en una bolsa como si se la hubieran olvidado en la peluquería.